Las ilusiones ópticas del Partenón

El interés por las proporciones ideales

Históricamente, incluso desde la Época Arcaica cuyo comienzo se establece en el 776 a.C. (año de celebración de los primeros Juegos Olímpicos), ya existía un interés de los griegos por las proporciones ideales. Por poner un ejemplo, el escultor Policleto (480 a.C. – 420 a.C.) escribió un tratado teórico llamado Canon, del que solo se conservan breves fragmentos, en el que definía la belleza y la vinculaba con conceptos como exactitud y proporción. Esta proporción se lograba mediante el uso de razones aritméticas que relacionaban de forma armónica las distintas partes de una obra entre sí y cada una de ellas con el conjunto de la misma. El célebre Doríforo, su obra más famosa, es considerado como modelo de las proporciones del cuerpo humano, en la que la cabeza mide una séptima parte de la altura total. Y si nos vamos al terreno de la filosofía y las matemáticas no podemos olvidar la influencia de Pitágoras en el avance de la Matemática helénica.

Doríforo – Canon de 7 cabezas de Policleto

Por lo tanto, la búsqueda de las proporciones perfectas y armónicas recurre a los números y a las matemáticas como base para su aplicación práctica. Y el Partenón tenemos un claro ejemplo de ello, con la particularidad de que parte de lo que observamos podría tener como finalidad corregir las imperfecciones de la visión humana mediante el uso de varias distorsiones muy sutiles que servirían para contrarrestar algunas ilusiones ópticas indeseadas. De esta manera, los conocimientos matemáticos, artísticos y arquitectónicos de los antiguos griegos confluyen en el Partenón para crear una impresión visual que no deja a nadie indiferente.

La construcción mide aproximadamente 69.5 metros de largo por 31 metros de ancho, con columnas de 10,4 metros de altura. Debo insistir en el término aproximadamente, porque en función de las fuentes consultadas hay ligeras variaciones. En cualquier caso, queda fuera del alcance de este artículo entrar en ese nivel de detalle.

Ilusión y realidad en el Partenón

Para comenzar esta sección me gustaría aclarar que es mucha la literatura existente sobre el Partenón y que cuantas más obras lees sobre el tema te das cuenta de las discrepancias y diferencias de opinión e interpretación que tienen los diversos autores sobre la intencionalidad de sus arquitectos en relación a las correcciones o refinamientos ópticos presentes. El paso del tiempo, el hecho de que no se conserven los documentos originales usados para su construcción, los conflictos bélicos y los desastres naturales, hacen que sea tarea imposible conocer de forma precisa todas las motivaciones que hay detrás de esta construcción, así como las dimensiones, proporciones y distancias exactas entre los distintos elementos del templo cuando fue levantado hace casi 2500 años. Por ese motivo, prefiero poner el foco principalmente en aquellos aspectos relacionados directamente con las ilusiones ópticas y las matemáticas, aunque también mencionaré otras cuestiones sobre las que el lector que tenga interés podrá profundizar a través de las numerosas obras que se han publicado.

La primera persona que mencionó las correcciones ópticas utilizadas en el Partenón fue el escritor y arquitecto romano Marco Vitruvio Polión (en latín Marcus Vitruvius Pollio) que vivió en el siglo I a.C. La interpretación que este autor hizo de las correcciones en su obra De architectura Libri X (Diez libros sobre arquitectura) es que tenían como finalidad evitar las distorsiones ópticas mediante el ajuste de las proporciones. De este modo se evitaba que la apariencia del templo resultase incorrecta o defectuosa a la vista.

El arquitecto y arqueólogo inglés Francis Penrose publicó en 1847 el libro Anomalies in the construction of the Parthenon y en 1851 An investigation of the principles of Athenian architecture. En el primero de ellos se analizan los detalles del monumento que nos ocupa y en el segundo las medidas de las antiguas edificaciones atenienses. Penrose confirmó que eran correctas las teorías que John Pennethorne publicó en 1844 en el libro titulado The elements and mathematical principles of the Greek architects. En dicho libro se ponía de manifiesto que las líneas aparentemente rectas de las arquitectura ateniense del S. V a. C. estaban a menudo inclinadas o eran curvas.

Muchos estudiosos han mantenido la interpretación de Vitrubio a lo largo de los siglos, pero otros han considerado que estos refinamientos ópticos eran utilizados exclusivamente como recursos para conseguir un edificio que presentara un aspecto más orgánico en lugar de una apariencia estática y sin vida. El estadounidense Vicent Scully, que fue profesor emérito de historia de la arquitectura en la Universidad de Yale, fue uno de los autores que defienden esta postura en su obra The Earh, the Temple and the Gods publicada en 1962. Por otro lado, es también destacable la obra del autor finlandés Tapio Prokkola titulada The Optical Corrections of the Doric Temple. Form and meaning in Greek Sacred Architecture, publicada en 2011. En ella presenta una nueva teoría sobre el uso de las correcciones ópticas en los templos dóricos basada en el análisis de los ideales y del sistema de valores de los antiguos griegos. Aunque es complejo explicarlo en pocas palabras, el objetivo perseguido por los arquitectos sería que el templo en su conjunto pareciera una unidad compuesta de muchas otras, una unidad plural, por expresarlo de alguna manera. Este enfoque, desde mi punto de vista, guarda un gran paralelismo con lo comentado en el apartado anterior acerca de la obra de Policleto.

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